Monica Bianchi

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El Shiatsu:

El Shiatsu es una antigua arte oriental de bienestar. Según la concepción oriental, la salud es un estado de equilibrio energético global que afecta no solo al cuerpo físico, sino también a la mente y al espíritu. Un desequilibrio en cualquiera de estos niveles provoca malestar o enfermedad. El practicante de shiatsu trabaja sobre los canales energéticos, llamados meridianos, que, además de restaurar el Qi (el equilibrio energético original), activan la respuesta natural del cuerpo, despertando su capacidad innata de autocuración. Por lo tanto, el tratamiento de Shiatsu se diferencia tanto del «masaje» como del «tratamiento» tal como los entendemos comúnmente. No aborda los síntomas, sino los desequilibrios energéticos que son la fuente del malestar. Es una disciplina suave y no invasiva, libre de posibles efectos secundarios, basada en el contacto (las manos se consideran la extensión energética del corazón), la atención y la escucha. El Shiatsu apoya los ritmos y movimientos naturales del individuo, brindando apoyo, confianza y bienestar. A veces, estos conceptos pueden parecernos extraños a los occidentales. De hecho, tendemos más a actuar y a buscar soluciones que a escuchar y comprender. En realidad, ambos aspectos no están tan claramente separados, y estamos convencidos de que, al menos en nuestra práctica, pueden integrarse en un todo mucho más eficaz que la suma de sus partes. El Shiatsu no considera el malestar, ni siquiera la enfermedad, como un hecho aislado, sino como el resultado de un estilo de vida inadecuado para las necesidades profundas del individuo, que, si se prolonga, acaba generando un desequilibrio energético global. Por lo tanto, la llamada enfermedad es, en realidad, la fase final de un proceso que solo se hace evidente para la mayoría cuando se manifiesta físicamente. Es entonces cuando ya no podemos ignorarla, porque sus efectos nos impiden continuar con nuestros hábitos como si nada hubiera pasado.El efecto del tratamiento Shiatsu, como ya se mencionó, es restaurar el equilibrio energético del individuo, ayudándolo, entre otras cosas, a aceptar mejor su situación mediante la relajación e induciendo, dentro de sus límites, la autoconciencia, la comprensión del «mensaje» detrás del malestar y su propio potencial de autocuración. Es la combinación de estos factores la que a menudo desencadena procesos de sanación incluso donde parecían improbables.

Studio ENEA Shiatsu, Riflessologia, Tuina

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Duelo y Medicina Tradicional China:

Afrontar el duelo es una de las experiencias más dolorosas y profundas que puede vivir un ser humano.

Es una transición que altera el equilibrio interno, un cambio que conlleva un desapego que, a veces, llega de forma repentina y abrumadora, dejando en nosotros un «antes» y un «después». El duelo evoca emociones intensas y a menudo contradictorias: una sensación de vacío, pérdida, miedo, ira, nostalgia, culpa y una profunda conciencia de nuestra fragilidad.

En la Medicina Tradicional China, el duelo está estrechamente vinculado a los meridianos de Calentador Superior y al par Pulmón-Corazón.

El Pulmón contiene la respiración, el ritmo de la vida y la capacidad de soltar. Cuando el duelo es demasiado intenso, la respiración puede volverse corta, contenida y pesada; el pecho se cierra y la persona puede sentirse internamente «comprimida».

El Corazón, por otro lado, alberga el Shen, nuestra dimensión emocional y espiritual. Un duelo profundo puede agitar el Corazón, generando inquietud, insomnio, tristeza persistente, una sensación de desconexión y dificultad para encontrar un rumbo interior.

Por esta razón, en el trabajo corporal y la visión energética oriental, acompañar a una persona durante el duelo significa crear un espacio seguro donde el cuerpo pueda liberar lentamente lo que reprime: la respiración bloqueada, el diafragma rígido, las emociones que no pueden expresarse.

El duelo no es algo que se pueda «superar», ni siquiera rápidamente… Es un proceso que se debe emprender, respetando el propio ritmo, permitiendo que el dolor se transforme gradualmente en recuerdo, presencia y consciencia.

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Felipe Guerra – Medicina Tradicionale Cinese

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Equilibrio en la Nutrición:

En el silencio donde el mundo aún no se ha formado, la vida sigue una ley invisible: lo forzado se rompe, lo armonioso se conserva. El cuerpo y el corazón son dos instrumentos afinados por la misma respiración; basta un exceso, una onda fuera de ritmo, para que la armonía se haga añicos.

Cuando una persona come más de lo necesario, no solo se hincha la carne: es el Qi el que se vuelve pesado, como la niebla que desciende sobre los valles.

El estómago se convierte en un recipiente lleno hasta el borde, el bazo pierde su vitalidad, el diafragma se rigidiza como una puerta que ya no quiere abrirse.

La respiración, que debería fluir como el viento entre los pinos, se detiene, se retuerce y se pierde.

Pero incluso el vacío extremo es una herida. Cuando falta nutrición, el cuerpo se convierte en tierra árida:

los huesos se secan como raíces sin agua, la sangre se enfría como un río invernal, el Jing se retrae en las profundidades, protegiéndose como una perla amenazada.

La Medicina Tradicional China enseña que el Tao no reside en los extremos: el exceso y el vacío son dos sombras de la misma desarmonía.

Entre el exceso y la carencia existe un punto sutil, un umbral que no se mide con números, sino con la escucha.

Cuando el ser humano encuentra ese punto: el Jing (esencia) reposa como una semilla protegida, el Qi fluye como un arroyo cristalino, el Shen (espíritu) se abre como un cielo despejado.

En ese lugar, el cuerpo es tierra fértil y la mente un templo silencioso.

Las emociones no son defectos: son espíritus que transitan por el ser humano. Pero cuando una de ellas crece en exceso, se convierte en un demonio que perturba los órganos.

La ira inflama el hígado, la complacencia distorsiona el corazón, la preocupación agobia el bazo.

El pasaje enseña un camino sencillo y profundo:

Si has comido en exceso, muévete: deja que el Qi encuentre su camino.

Si la ira te asalta, relaja tus pensamientos: el Fuego se calma al encontrar la quietud.

Con la edad, el Jing se vuelve precioso como el oro antiguo. Cada perturbación pesa más, cada exceso deja una huella más profunda.

Si comes en exceso y permaneces quieto, el aliento de vida no circula.

Si la ira no se libera, el Fuego quema lo que queda de la Sangre. Si las preocupaciones no se liberan, consumen las últimas reservas.

La vejez no pide miedo: pide gentileza.

Es la época en que uno camina despacio para no perturbar su espíritu.

La canción es una enseñanza de un maestro errante:

No llenes demasiado, no vacíes demasiado, no ilumines demasiado, no contengas demasiado.

Entre los extremos hay una línea invisible, un puente delgado donde la respiración fluye como la luz, la esencia reposa como un animal sagrado, la mente se ilumina como una linterna en la noche.

Quien cruza ese puente, recorre un largo camino.

¡A todos los buscadores del Camino!

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